Esta novela de terror trata sobre la relación entre Amanda y su hija Nina en unas vacaciones terroríficas en el campo y sobre los peligros de agrotóxicos. Todo comienza con una conversación entre David y Amanda, cuando ella se encuentra moribunda en la sala de emergencias de un pueblo en el campo argentino.
Amanda: ¿Sentís gusanos en el cuerpo?
David: Si, en el cuerpo.
Amanda: ¿Gusanos de tierra?
David: No, otro tipo de gusanos.
Amanda: No me puedo mover.
David: Por los gusanos, hay que ser paciente y esperar. Y mientras se espera, hay que encontrar el punto exacto en el que nacen los gusanos.
Amanda: ¿Por qué?
David: Porque es importante, es muy importe para todos.
Este diálogo surgió entre David, que es un niño extraño y oriundo de ese pueblo, y Amanda, mujer de ciudad. Luego de esta conversación, Amanda está desorientada, pero intuye que va a morir pronto.
David le pregunta qué ha pasado en el jardín de Carla. Carla es vecina de la casa que alquila Amanda, y a su vez la madre de David, quien hace unos días le contó que David se había enfermado a los tres años, cuando ella trabajaba en la granja de Sotomayor y que su marido, Omar, criaba caballos.
Carla le comentó que una tarde había perdido de vista a un padrillo que le habían prestado a Omar, y había salido con David en brazos a buscarlo; lo encontró tomando agua en el riachuelo. Al día siguiente el padrillo amaneció enfermo y murió. A partir de entonces, Carla empezó a notar que David actuaba raro.
Mientras Carla cuenta su historia, Amanda espió a Nina desde el auto porque se estaba acercando a la pileta. Calculó cuanto tardaría en salir corriendo del auto y llegar hasta Nina si se cayera a la pileta. Midió la “distancia de rescate”, es decir, la distancia variable que la separaba de su hija.
Carla siguió con su relato: llevó a David a la casa verde, donde vivía una curandera a la que acudía todo el pueblo por problemas de salud. La mujer dijo que era una intoxicación, y que tenía que hacer una migración, es decir, mudar una parte del espíritu de David a otro cuerpo para que pudiera sobrevivir. Aclarando que David recibiría un espíritu desconocido en su cuerpo.
En la sala de emergencias, Amanda le pregunta a David dónde está Nina, y él contesta que eso no es importante. Amanda explica respecto de la distancia de rescate, que la tensión del hilo invisible que la une con su hija varía con las circunstancias.
Luego fueron al centro, entraron a un local y se encontraron con Abigaíl, una niña pelada con deformaciones físicas, que asustó a Nina.
David comenta que buscan “el punto exacto en el que tocan tu cuerpo por primera vez” los gusanos. Amanda no entiende qué es lo que tiene que buscar y continúa su relato. Dice que cuando volvió a la casa, se encontró con Carla en la puerta, que le dijo que David había entrado. Carla muy intranquila le dijo que tenían que sacar a David, y Amanda corrió nerviosa hasta la puerta de entrada, y encontró a David parado, indefenso y a Nina muy tranquila. Le pidió enojada a Carla que se fuera de su casa, diciéndole que inventaba situaciones terroríficas.
Decidió que no quería quedarse más en esa casa, y esperó al día siguiente para irse.
Esa noche Amanda tuvo una pesadilla, en la que Nina le dijo: “Soy David”, despertándose sobresaltada a la madrugada, empezó a armar los bolsos para irse, pero antes de volver a a la ciudad, decidió ir a ver a Carla para disculparse.
Llegó con Nina a la granja de Sotomayor, había hombres bajando bidones de fertilizante de un camión. Un bidón de cayó al piso, acto seguido Amanda y Nina se sentaron en el pasto.
En el hospital, David le pregunta a Amanda por la distancia de rescate en ese momento y Amanda explica que no hay distancia porque Nina está a pocos metros de ella.
En la granja de Sotomayor, mientras Carla y Amanda conversaban, Nina dijo que estaba empapada y que tenía mal olor en sus manos. David la interrumpe y le dice: “Este es el momento”. Amanda dice que no puede ser, pero admite que el hilo se tensó mientras ella estaba distraída hablando con Carla.
Nina le dijo a Amanda que le picaban las manos. Carla le preguntó a Amanda si estaba bien, porque la veía pálida. Amanda tenía su cuerpo adormecido y se acostó, recordando la primera noche que pasaron en la casa. Ella había salido a dar una vuelta para conocer la zona y anticiparse a los peligros.
Carla llevó a Amanda y a Nina a la salita de emergencias, Amanda estaba desconcertada y le costaba ver con claridad. La enfermera le dijo que tenía una jaqueca, y también les dijo que estaban insoladas. Les recomendó que tomaran líquido y durmieran una siesta. Amanda le pidió a Carla que llamara a su marido.
David la interrumpe, le dice que no tiene sentido seguir con el relato, pero Amanda quiere seguir. Dice que ese día, cuando llegaron a la casa de Carla, se tiró a dormir con Nina en el sillón, recordando la primera vez que había visto a Carla, ella había ido a su casa con bidones de agua y le había sugerido que no tomara el agua de la canilla ese día.
En la casa de Carla, Nina despertó a Amanda a la madrugada y le dijo de irse. Se subieron al auto y arrancaron hacia el pueblo, viendo a un grupo de chicos con deformaciones cruzar la calle rumbo a la sala de emergencias.
A Amanda se le nubló la vista, sintió picazón en el cuerpo y mucha sed. Llegó de nuevo a la sala desfalleciente y alucinando, debido a esto Carla llamó por teléfono al padre de Nina y Amanda habló con él y le pidió ayuda.
Carla le confesó a Amanda que había llevado a Nina a la casa verde porque era la única manera de que sobreviviera a la intoxicación.
Amanda sintió que el hilo que la unía con su hija se estaba anudando tan brutalmente que por un momento dejó de respirar, también reconoce el momento de la intoxicación, dice que ha sido en el pasto, en la granja de Sotomayor y admite: “Fue la distancia de rescate: no funcionó, no vi el peligro”. En ese momento el hilo que la une con Nina se corta.
David le dice que va a empujarla hacia adelante para que escuche a Omar.
Amanda ve a su marido conduciendo, toma el boulevard y avanza despacio, lo ve todo con mucha claridad, el semáforo lo obliga a detenerse. Es el único semáforo del cuerpo, dos viejos cruzan despacio y lo miran. Pero él está distraído, mira al frente, no aparta la mirada del camino. Pasa la plaza, el supermercado, y la estación de servicio, también la salita de emergencia, conduce despacio sin esquivar los pozos ni las pequeñas lomas de burro.
Más lejos del pueblo, los perros del señor Geser salen a correrlo y le ladran, pero el mantiene la velocidad. Empieza a verse la casa de Carla, es una casa sucia y vieja, aplaude dos veces y desde adentro una voz grave dice pase, adelante. Es Omar, un hombre de edad que está en la cocina, a quien le pregunta si puede hablar con él.
Omar le pregunta si toma mate, él le dice que sí, y se sienta y comienzan a conversar, y este le hace preguntas sobre su hija, Omar no responde demasiado y le cuenta que su mujer, Carla, se había ido de la casa. El marido de Amanda vuelve al auto y David se mete con él, se sienta con las piernas cruzadas y se abrocha el cinturón de seguridad. Amanda mira a los ojos de David y descubre dentro suyo la mirada de Nina, “esos otros ojos”.
Entiende que una parte del espíritu de Nina había ido a parar el cuerpo de David, pero su marido no lo descubre. En cambio, se sube al coche y se vuelve a la ciudad furioso, baja la lomada y toma el camino de ripio. Siente que ya perdió demasiado tiempo.
No se detiene en el pueblo, no mira hacia atrás, no ve los campos ni los riachuelos, ni los kilómetros de campo abierto sin ganado, ni las fábricas, llegando a la ciudad.
No repara en que el viaje de vuelta se ha ido haciendo más y más lento, y que hay demasiados coches cubriendo cada calle asfaltada. Y que el tránsito está estancado, detenido desde hace horas, con mucho humo en el ambiente.
No logra ver lo importante: el hilo finalmente suelto, como una mecha encendía en algún lugar; la plaga inmóvil a punto de irritarse.
Este libro, lleno de suspenso e intriga, sin ser un libro policial, está escrito con un estilo muy particular e interesante. Estamos ante una historia vertiginosa y adictiva, en la cual cada detalle cuenta.
Las madres siempre buscan estar a una distancia prudente de sus hijos, para correr en su ayuda si la necesitan. Esa distancia es precisa para poder rescatarlo de todo lo que pueda dañarlos. Pero a veces esa distancia no alcanza y suceden cosas que las madres nunca desearían.
Al leer este libro se siente una sensación de suspenso, frío y temor.
En mi opinión personal puedo ver la diferencia entre las personas de la ciudad con respecto a las del campo, por su forma de vivir, por los servicios de salud (acceso a la tecnología e infraestructura moderna), por la cantidad de negocios y por la poca densidad de población en algunos lugares no muy alejados de la ciudad.
Siendo éste un lugar elegido para poder relajarse sin estrés, conectando con árboles, cultivos, animales tratando de poder disfrutar de la naturaleza para lograr estar más tranquilos, teniendo en cuenta los peligros que se encuentran allí, si bien en la ciudad se respira mayor contaminación, en el campo nos encontramos con el uso de agrotóxicos que si lugar a dudas producen irremediables problemas para la salud de las personas causando malformaciones, afecciones respiratorias severas, discapacidad mental, entre otros.
El libro leído “Distancia de Rescate” me muestra todo esto como así también, junto a lo anteriormente mencionado ver el vínculo madre-hija y la posibilidad del cuidado y la salvación o quizá solo la ilusión de ese rescate. Permanentemente preocupada por el bienestar de su hija siempre calcula como protegerla. A veces ese amor incondicional no alcanza para poder cubrir el control total de su vida, en todo momento... surgiendo problemas de salud los cuales nunca pensaría que le ocurrirían.
La novela me gustó, me resultó interesante, pude ver algunos elementos que no tenía del todo claro, como la falta de médicos en algún lugar, quedando a cargo solamente una enfermera y otro montón de cosas que me mostraron otra cara de la vida real, sin imaginarme el daño que los pesticidas podrían causarle a un ser humano hasta la muerte misma.
Sí, lo recomendaría para que quién lo lea descubra muchas cosas que habitualmente desconocemos, como me pasó a mí.
Dejando en mí, un sabor amargo por la muerte de la mamá que deja a su familia sin poder hacer nada para remediarlo, habiéndose preocupado siempre por esa “Distancia de Rescate” para proteger a su hija y evitar algún accidente, creo que a veces las cosas malas pasan igual.
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