viernes, 8 de julio de 2022

Salvo el crepúsculo, por Alexis Sulsente

El poema que abordaré es “ Salvo el Crepúsculo”, publicado en 1984, una serie de poemas escrito por el gran Julio Cortázar, un escritor y traductor argentino, tiene logros tales como el Honour Konex Award, me concentraré principalmente en temas como el romance, la mujer y algunos pequeños fragmentos donde se señala a Argentina, más precisamente Buenos Aires. En primer lugar, a lo largo de todo el libro, vemos reflejado lo que Cortázar busca transmitir sobre la figura de la mujer, a su vez estrechamente relacionada con el amorío, pero siempre buscando esa representación que, más que perfecta, es algo aún más profundo y fascinante, es simplemente magia. En todo momento habla de la mujer como una diosa, algo que va más allá de una percepción natural, es una visión indescriptible. Además, en más de una ocasión busca expresarlo o narrar esta poesía desde un ámbito sexual, pero siempre dejando reflejada la belleza de la mujer, al hablar objetivamente de partes del cuerpo femenino, sin dejar ningún detalle a la deriva.Aunque en mi opinión, cada uno de nosotros podría expresarlo con la persona correcta, me refiero a que, quizás, muchos de nosotros al leer esto, pensamos en el sexo, mientras que algunos otros piensan en “hacer el amor”. Allí creo que hay una increíble diferencia, la primera nos hace pensarlo desde un lugar quizás de lo excitante, del placer, esto no quiere decir que el “hacer el amor” no lo genere, pero ella es capaz de crear un sentimiento de conexión mágica con la otra persona, y desde mi percepción, esto sólo podrán sentirlo las personas con la suerte de encontrar a ese individuo, a esa otra mitad, de lo contrario, simplemente tendrán sexo con el resto de las personas. Y creo que Cortázar lo deja reflejado, cuando habla de sexo, se centra en detalles físicos del momento como "Te desnudé entre llantos y temblores/ sobre una cama abierta a lo infinito,/ y si no tuve lástima del grito ni de las súplicas o los rubores (...)" (Julio Cortázar,1984:180).

Mientras que luego, habla sobre Lala, una chica que conoció en un café de la esquina, donde narra en su poema que luego fueron a la habitación de un hotel, él constantemente hacía alusión al “no sé qué” de Lala, y al finalizar cuenta que ese lugar que es tan peculiar para ellos dos siguió siendo su punto de encuentro, lugar donde podían jugar, hablar y hacer el amor. Y él deja expuesto que, pese a que, en cada reunión entre ellos, ella le cobre una tarifa por cumplir con su rubro, para él era casi igual que llevarle un ramo de flores, jamás fue un prejuicio, además de que ella lo hacía sentir de una forma inmensamente especial, donde entendía su locura a la perfección. Pero concluyendo, y dejando de lado por un instante este punto de vista, podemos percibir lo normal o cotidiano que era (y parece seguir siendo hoy en día), utilizar el denominador “putas”, forma que utilizó para nombrar a Lala en más de una ocasión el autor.

Un tema muy interesante que aborda es el de los vivos y los muertos, hace referencia a de qué manera se comunican unos y otros (…)” Los muertos hablan más, pero al oído, y los vivos son mano tibia y techo, suma de lo ganado y lo perdido" (Julio Cortázar,1984: 212). Básicamente, los fallecidos tienen otras formas, y quizás más directas de dialogar o hacerse presentes, mientras que los aún vivos, al tener tanto que perder y sus aterradoras experiencias, hacen reprimir sus verdaderos deseos, el no hablarle a esa persona, hacer lo que nos plazca por el miedo a qué dirá el resto, entre otras cuestiones.


Me sería imposible no mencionar, justamente en una poesía, la soledad, el autor se refiere a esta forma de vivir en varias ocasiones. En primer lugar, muestra un sentimiento deprimente al notar el paso tan veloz de los años, donde en conjunto con esto se deja llevar por el alcohol, el tabaco. A su vez, recuerda a aquella mujer que buscaba sus canas entre aquel cuero cabelludo (Julio Cortázar,1984: 46). También nos cuenta su sentir al concluir la noche, donde sólo se encuentran él, su almohada, en total silencio, y el recuerdo del perfume olvidado de alguna mujer, visualizando inútilmente los barcos y los puentes (Julio Cortázar,1984: 113).

Quizás se nos torna extenso, pero la soledad y la tristeza está expuesta siempre, allí el escritor se lamenta por no tener más a su amor, ya no estará en sus sueños, ni en los obsequios, ni en una sonrisa provocada por ella, ya no será motivo de enojo, hasta admite enamorarse y no de ella, ya no será recuerdo, y si en algún momento siente algún destello mental de su presencia, simplemente pensará un pensamiento que oscuramente se acuerda de ella (Julio Cortázar,1984:146).

Retrayéndonos por un momento al tema del comienzo, Julio menciona a una mujer llamada Cris, a quien le escribe algunas cartas, y al leerlas se ve reflejado que, en mi opinión, tenía cierta atracción o deseo sexual, no parecía ser algo más que esto, atribuye en varios momentos accionares relacionados justamente con esto, hablando de sus senos y otras partes del cuerpo, así que utilizando el concepto anterior, él simplemente tenía sexo con Cris, jamás hicieron el amor (Julio Cortázar, 1984: 87)

El autor parece no haberse olvidado de nuestra Argentina, reclama que lloren los argentinos, que lloren las desgracias que creían ajenas, la falta de paz, la infancia reflejada por el cine y la radio, la adolescencia en ciertas esquinas, el amor sin recompensa, deprímanse por aquel título, ese campeonato perdido por la versatilidad del destino. También hace alusión a los invisibilizados, esos que aceptan monedas falsas, y las reciben con una gran sonrisa, el autor quisiera rescatar ese dolor de Buenos Aires. Lo más doloroso de todo, es que, aún en la actualidad existen los vulnerables, y por supuesto, los aprovechadores, aunque, no es necesario vivir en la calle para, valga la redundancia, ser vulnerable, bien sabrán que muchos sectores son callados, reprimidos, podemos visualizar aquel abuso de poder de los políticos, las enormes diferencias entre hombres y mujeres, donde el sector femenino se ve en casi su totalidad reprimido, podemos notarlo desde el ámbito laboral, el ámbito cotidiano, cada acción que leemos sobre cómo la sociedad se relacionaba en nuestra historia, hoy en día, estamos muy lejos de despegarnos totalmente de esa realidad.

Luego de afrontar muchísimos temas, quise dejar un tema que, pese a estar relacionado con todos, ya sea por causa o efecto, aún no lo hemos analizado meticulosamente, me refiero a ese sentir tan especial, raro, doloroso, mágico, en otras palabras, el amor, ese que nos hace amar todo, el olor de su cuerpo, cuando dice cualquier cosa, ya sea a favor o en contra nuestro, todo eso que parece tan diminuto, simplemente lo abrazamos espiritualmente porque es de esa persona, que nos mira más allá de nosotros.

Y el amor, por supuesto que también es dar, el sentir, entregar todo lo que somos, aunque quizás no baste, entregarlo igualmente, que aquel ser, sea nuestro espejo, y allí poder amarnos a nosotros mismos (Julio Cortázar, 1984:116), (Julio Cortázar, 1984:135).

Quisiera concluir, dando mi punto de sentir sobre esto, considero pertinente argumentar que el amor es imposible que esté sin otro, es una completa farsa el querernos convencer que podemos vivir felices en soledad, sería una gran solución, pero estamos creados para amar, y para algunos suertudos, ser amados por la misma persona. El querer nos hace mejores, el sentirnos queridos nos hace sentir mejor, aunque muchas veces el amar sea doloroso, aunque me cueste convencerme, desde lo más profundo de mi sentir, creo que debemos seguir atreviéndonos a amar, créanme que van a sufrir una y otra vez, ya lo sabrán, pero de qué valdría la vida si no amamos; así el sujeto al que anhelamos no sienta lo mismo por nosotros, permítanse querer, y déjense querer.


Bibliografía: 

Cortázar, J. (1984), “Salvo el Crepúsculo”, Buenos Aires, Argentina, Alfaguara.


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